Vicente Fernández Descubrió a una Anciana Robando en su Rancho: Lo que Hizo Después Conmovió a Todo México

Primero, mandó construir una casa de verdad para Esther y los niños. Tres cuartos. Baño completo. Cocina equipada. En un terreno dentro de su propio rancho.

Segundo, contrató a Esther como encargada de la cocina del personal. Le pagó un sueldo fijo. Le dio seguro médico.

Tercero, se encargó de que los tres niños entraran a la escuela más cercana. Les compró uniformes, útiles, mochilas. Y habló personalmente con los maestros para explicarles la situación.

Cuarto, llevó a los niños con un pediatra. Los tres estaban desnutridos. El médico les diseñó un plan alimenticio. Vicente pagó todo.

Pero lo más importante fue esto:

Vicente no lo hizo para presumir. No llamó a la prensa. No publicó fotos. No buscó aplauso.

Lo hizo porque creía que era lo correcto.

El Día Que Esther Le Dijo Algo a Vicente Que Él Nunca Olvidó

Tres meses después, Esther fue a buscar a Vicente.

Él estaba en los establos, cepillando a uno de sus caballos.

—Don Vicente —dijo ella tímidamente—. ¿Puedo hablar con usted?

—Claro, Doña Esther. Dígame.

Ella sacó algo del bolsillo de su delantal. Era la foto vieja de los tres niños. La misma que Vicente había visto el día que la encontró robando.

—Quiero que se quede con esto —le dijo.

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Vicente la miró confundido.

—¿Por qué?

—Porque usted nos salvó la vida —respondió Esther con lágrimas en los ojos—. Y quiero que recuerde que para nosotros, usted no es “El Rey”. Es un ángel.

Vicente sintió un nudo en la garganta. Tomó la foto.

—Yo no soy ningún ángel, Doña Esther. Solo hice lo que cualquiera debería hacer.

Ella negó con la cabeza.