Vicente Fernández Descubrió a una Anciana Robando en su Rancho: Lo que Hizo Después Conmovió a Todo México

Vicente se levantó de la mesa. Caminó hacia la ventana y se quedó mirando sus tierras.

Doña Cuquita se acercó a Esther y le tomó la mano.

—Ya no va a tener que robar nunca más —le dijo con ternura.

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Lo Que Vicente Hizo Cambió Vidas Para Siempre

Vicente se dio vuelta.

—Don Memo, trae la camioneta. Vamos a buscar a esos niños.

Media hora después, Vicente Fernández, Doña Cuquita, Don Memo y Esther llegaron al jacal.

Lo que vieron los dejó sin palabras.

No era una casa. Era un refugio improvisado. Tablas viejas sostenidas con piedras. Un techo de lámina oxidada. Sin luz. Sin agua potable. Dentro, sobre un petate raído, tres niños estaban acurrucados.

El más pequeño lloraba en silencio. Los otros dos miraban al vacío.

Cuando vieron a su abuela, corrieron hacia ella.

—¡Abuela! —gritó el de 8 años—. ¡Pensamos que te habían llevado!

Esther los abrazó con fuerza. Vicente se agachó hasta quedar a la altura de los niños.

—Hola, campeones —les dijo con voz suave—. ¿Tienen hambre?

Los tres asintieron.

Vicente los subió a la camioneta. Esther también. Y los llevó de regreso al rancho.

Ese día, los niños comieron hasta llenarse. Jugaron en el jardín. Se bañaron con agua caliente. Durmieron en camas limpias.

Y Vicente tomó una decisión.

Llamó a su abogado.

—Necesito que me ayudes con algo —le dijo—. Quiero arreglar los papeles para que esa señora y sus nietos tengan un lugar digno donde vivir.

En las siguientes semanas, Vicente hizo lo siguiente: