Uñas frágiles o quebradizas: lo que tu cuerpo intenta decirte

La deshidratación, el enemigo silencioso de las uñas

A menudo pensamos en hidratar nuestra piel, pero mucho menos en nuestras uñas. Sin embargo, la falta de agua puede resecarlas, opacarlas y hacerlas propensas a quebrarse. Si tus uñas se pelan como hojas, a veces es simplemente una señal de que tu cuerpo está deshidratado.

Beber regularmente a lo largo del día y aplicar una crema o aceite nutritivo en las manos y las cutículas ya puede marcar una verdadera diferencia.

Las agresiones cotidianas que nos debilitan sin previo aviso

Incluso con una buena alimentación, ciertos hábitos dañan las uñas. Productos de limpieza, lavar platos con frecuencia, quitaesmaltes agresivos, manicuras repetidas… Todo esto va eliminando gradualmente la protección natural de la uña.

¿La mejor estrategia? Usar guantes para las tareas domésticas, espaciar las manicuras profesionales y optar por tratamientos suaves. Una simple medida de protección puede prevenir muchos daños a largo plazo y promover  unas uñas naturalmente fuertes .

Estos pequeños hábitos hacen toda la diferencia

Rara vez nos damos cuenta del impacto de acciones aparentemente insignificantes: mordernos las uñas, rayar las etiquetas con ellas u olvidarnos de hidratarlas después de lavarnos las manos. Sin embargo, a menudo son estos detalles, repetidos a diario, los que debilitan su estructura.

La aplicación regular de aceite para cutículas o una crema nutritiva ayuda a recuperar su flexibilidad y limitar la rotura.

¿Cuándo debemos estar más atentos?