Un padre soltero fue abofeteado por una gerente en su propio hotel y 9 minutos después despidió a todo el personal.

Lorena se quedó sin aire.

—¡No puede despedirme así!

—Claro que puedo —respondió él, suave—. Pero además, hay consecuencias legales por agresión. Mis abogados hablarán con usted.

Renata, desde el sillón, observaba todo. No entendía términos como “revisión interna”, pero entendía algo más importante: su papá no se había convertido en monstruo para ganar.

Un par de empleados comenzaron a llorar, no por nobleza, sino por miedo. Otros se quedaron quietos, tragándose el remordimiento.

Daniel caminó hacia su hija, se agachó otra vez.

—¿Estás bien?

Renata asintió, pero de pronto se le quebró la voz.

—Papá… yo pensé que… que te ibas a pegar con ella.

Daniel la abrazó.

—No, mi amor. Ser bueno no significa ser débil. Ser bueno… es elegir lo correcto aunque te arda.

Esa noche, en casa, Daniel se sentó al borde de la cama de Renata. Ella tenía una pijama con estrellas y un peluche gastado. Acarició su frente.

—Perdón por lo que viste hoy —le dijo.

Renata lo miró muy serio.

—Yo… yo me asusté. Pero… cuando todos se quedaron callados, tú no te hiciste chiquito.

Daniel tragó saliva.