UN MULTIMILLONARIO SE HACE PASAR POR GUARDIA DE SEGURIDAD PARA ENCONTRAR A “LA INDICADA”

—¡No me des los buenos días!
¿Para qué sirves, eh?
¡Es una pérdida de dinero pagarte el sueldo!
Todo el lobby quedó en silencio.
Entonces Isabella sacó su cartera, tomó 1,000 pesos mexicanos
y se los lanzó directamente a la cara.
¡PÁF!
—¡Toma! Quédate con el cambio.
Recógelos y ve a comprarme café.
¡Y si no regresas en diez minutos, haré que te despidan!
Algunos se rieron.
Otros bajaron la mirada.
Lucía quiso intervenir…
pero Alejandro le hizo una leve señal para que se detuviera.
Con calma, él recogió el dinero del suelo.
Sonrió.
Pero no era la sonrisa de un guardia.
—Sí, señora —dijo con voz tranquila—.
Regreso enseguida.
Alejandro se dio la vuelta…
y caminó hacia la salida.
Nadie sabía que ese sería el último momento
en que Isabella se sentiría poderosa.

Alejandro caminó varios metros fuera del edificio antes de detenerse.

El sol de la mañana iluminaba la fachada de vidrio de Vista Empire, el imperio que él mismo había construido desde cero.
Durante un segundo, cerró los ojos.

No por humillación.
No por rabia.

Sino por claridad.