Todos temían mirar al millonario a los ojos... hasta que la hija de la limpieza entró en su despacho con una galleta y un secreto que lo cambió todo. ![]()
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En los pasillos de cristal y acero de Fontes Holdings, el silencio no era paz; era miedo. Rodrigo Fontes no caminaba, patrullaba su imperio. A sus 42 años, este hombre había convertido su vida en una ecuación matemática perfecta: eficiencia absoluta, cero errores y, sobre todo, ninguna emoción. Su mirada, fría como el invierno en la sierra de Madrid, era capaz de detener en seco a cualquier ejecutivo que osara llegar dos minutos tarde a una reunión.
"El tiempo es dinero, y las emociones son un gasto innecesario", solía decir. Y lo cumplía. Su mansión en La Moraleja era el reflejo exacto de su alma: una fortaleza de diseño minimalista, impecable, vasta y terriblemente vacía.
Hasta que llegó el día en que su rutina blindada se vio amenazada por el motivo más improbable: una vacante en el servicio de limpieza y una madre desesperada.
Estela de Vasconcellos llegó a la entrevista con las manos temblorosas pero la barbilla en alto. No tenía dónde dejar a su hija, Aurora, de tres años. La guardería había cerrado y su vecina no podía cuidarla. Era el trabajo o el hambre. Cuando Nicolás, el asistente de Rodrigo, le advirtió que el señor Fontes odiaba las interrupciones y, por extensión, a los niños, Estela sintió que el mundo se le venía encima. Pero no tenía opción.
—Solo le pido una oportunidad, señor Fontes —dijo Estela, parada frente al imponente escritorio de caoba, mientras Rodrigo ni siquiera levantaba la vista de sus informes—. Mi hija es tranquila. Se quedará en el cuarto de servicio. Usted ni siquiera notará que existe.
Rodrigo finalmente alzó la mirada. Sus ojos grises escanearon a la mujer con escepticismo. Necesitaba a alguien ya; la casa era demasiado grande para estar sucia y odiaba el desorden más que a la gente.
—Dos semanas de prueba —sentenció con voz metálica—. Al primer ruido, a la primera molestia, al primer juguete fuera de lugar, ambas se van. ¿Entendido?
Todos temían mirar al millonario a los ojos... hasta que la hija de la limpieza entró en su despacho con una galleta y un secreto que lo cambió todo.-nhuy
