«Sáname y te daré toda mi fortuna», dijo el millonario… El hijo de la criada rezó, y todo cambió.

Esa noche, Sergio lloró en el regazo de su madre.

—Mamá, yo solo quería ayudar. ¿Por qué me tratan así?

Rosa lo abrazó con lágrimas en los ojos.

—Porque el mundo no entiende la bondad, mi amor. Pero yo sí. Y Dios también. Y eso es lo que importa.