Gracias, Luna. Por todo. Por cada instante que me regalaste. Fuiste más que un perro. Fuiste mi familia, mi apoyo, mi ángel en la Tierra.
Dormí en paz, mi tesoro. Y cuando algún día llegue mi hora, voy a confiar en que en algún lugar, al otro lado del puente del arcoíris, vuelvas corriendo a recibirme. Con el mismo entusiasmo con el que corrías detrás del palo. Y esta vez, ya no voy a volver sin vos.
