Incluso cuando la ley lo permita, el entierro en el jardín no debe tomarse a la ligera. La tumba debe tener la profundidad suficiente, generalmente al menos un metro, para evitar futuros problemas. Esta profundidad también limita la interacción con la fauna silvestre y ayuda a proteger el suelo.
Es recomendable envolver al animal en una tela natural o material biodegradable, en lugar de plástico. El objetivo es respetar el ciclo natural y proteger el suelo de los contaminantes. También es mejor evitar las zonas cercanas a un huerto, un pozo o una capa freática: aunque sea por cariño, esta práctica debe ser cautelosa.
Un marcador discreto, como una planta o una piedra, puede ayudar a delimitar el lugar sin sobrecargar el ambiente del jardín a diario.
Cuando el entierro en el jardín no es posible
En algunos casos, enterrar a una mascota en casa simplemente no es una opción. Afortunadamente, hoy en día existen varias alternativas respetuosas. La cremación de mascotas es una de las soluciones más comunes: puede ser individual o comunitaria, según la elección de los dueños.
Algunas personas optan por conservar o esparcir las cenizas en un lugar simbólico, mientras que otras optan por un cementerio de mascotas, diseñado para ofrecer un espacio dedicado a la reflexión. Estas opciones permiten rendir homenaje a su compañero respetando un marco legal.
