Colóquela cerca de una ventana luminosa, con una cortina de luz si es necesario. En invierno, cuando la luz disminuye, gire la maceta regularmente para que la planta reciba luz de manera uniforme.
Regar, un arte delicado
Aquí es donde todo suele depender. A las flores de Pascua no les gusta ni la sed ni tener las raíces mojadas. El exceso de riego puede debilitar las raíces, mientras que la falta de riego seca la planta.
¿Qué hacer? Tocar la tierra. Si está seca en la superficie, puedes regar. Si aún está húmeda, espera. Vacía siempre el plato después de regar para evitar el agua estancada. Generalmente, un riego moderado una vez a la semana es suficiente.
Demasiado fertilizante puede hacer más daño que bien
Creemos que hacemos lo correcto al fertilizar nuestras plantas, pero las flores de Pascua no necesitan fertilizante en invierno. Demasiado puede alterar su equilibrio y provocar la caída de las hojas.
Reserva la fertilización para la primavera y el verano, durante su periodo de crecimiento, con un fertilizante suave para plantas de interior, una o dos veces al mes como máximo.
Pequeños invitados no deseados
A veces, el problema proviene de pequeños visitantes. Cochinillas, pulgones u otras plagas pueden debilitar la planta y provocar que las hojas se amarilleen y luego se caigan.
