Se alzaba orgullosa en tu sala, aportando un toque cálido y festivo... y entonces, sin previo aviso, sus hojas empezaron a caerse. Cundió el pánico. ¿La regué demasiado? ¿La regué poco? ¿Está en el lugar equivocado? No te preocupes, esta situación es muy común. La flor de Pascua es una planta magnífica, pero sensible, que reacciona rápidamente a su entorno. La buena noticia: en la mayoría de los casos, basta con unos sencillos ajustes para recuperar todo su esplendor.
Los cambios de temperatura, el enemigo número uno
Originaria de regiones cálidas, la flor de Pascua prospera en un entorno estable. Las corrientes de aire frío, una puerta abierta con frecuencia o una maceta demasiado cerca de un radiador pueden ser un verdadero shock para la planta. Por ello, se defiende dejando caer sus hojas.
Lo ideal es instalarlo en una habitación donde la temperatura se mantenga entre 18 y 22 °C, lejos de fuentes de calor y ventanas con mal aislamiento. Un rincón luminoso del salón suele ser perfecto.
La iluminación: ni demasiada ni demasiado poca
La flor de Pascua adora la luz, pero detesta la luz solar directa. Demasiada exposición puede dañar sus hojas; muy poca, y se ralentiza y acaba quedando desnuda. Por lo tanto, el equilibrio es esencial.
