Poco después del nacimiento de los cinco hijos, el padre susurró: «Estos no son míos» y se fue. La madre mantuvo la calma y prometió criarlos sola. Pero treinta años después, cuando se supo la verdad, todo cambió.


—Sus donaciones me salvaron la vida. Nunca podría tener hijos. Pero me dieron cinco. Cinco que llevan su fuerza, su tenacidad y su verdad.

La verdad lo golpeó como un puñetazo en el estómago: no era traición. Era responsabilidad. Algo de lo que había huido, pero que ahora se alzaba ante él en cinco versiones vivientes.

Los niños empezaron a charlar. Uno se acercó a él, como si ya lo supiera.

Y en ese momento se dio cuenta de que el miedo que había sentido no había sido por ellos, sino por enfrentarse a la persona que él mismo había sido.

-¿Qué quieres que haga?-preguntó en voz baja.

La mujer sonrió.


– Empieza por saludar a tus hijos.

Se agachó lentamente y por primera vez en treinta años sintió algo que creía haber perdido: la oportunidad de empezar de nuevo.


¿Quieres un giro más oscuro? ¿Uno más alegre? ¿O quizás uno más sobrenatural? ¡Puedo reescribirlo o desarrollarlo!