Mi papá me abandonó en una tormenta y nunca volví a casa

Muy bien. Llevo tres años cargando con esta historia como una piedra en el bolsillo. Algunos días ni siquiera la noto. Otros días se arrastra, pesada y contundente, recordándome exactamente lo que mi familia creía que valía.

Me llamo Blake. Tengo veintiún años. Tengo un trabajo estable, una casa que es mía, una camioneta que pagué yo mismo y gente a mi alrededor que no confunde amor con control. La vida es buena.

Pero la noche en que mi padre me puso las manos encima y me dejó tirado en la cuneta sigue ahí, brillante como una cicatriz que se ilumina cuando menos te lo esperas. Nunca la he escrito así. Creo que necesito hacerlo, aunque solo sea para demostrarme a mí mismo que realmente sucedió y que no lo inventé, no lo exageré, no me puse "dramático", como siempre decía mi hermana.

Porque esa era la palabra que usaban cuando reaccionaba como un ser humano al ser tratado como un mueble.

Dramático.