Es para hacerlo bien desde la primera vez. Haga todo otra vez. Esperanza rehace toda la limpieza. Una hora más de trabajo. Rodolfo regresa y encuentra otro defecto. Las sillas no están alineadas y hay polvo en la lámpara. Pero yo limpié la lámpara. Me está contradiciendo. No, señor, perdón. Esperanza limpia por tercera vez. Ya le duele la espalda y apenas son las 10 de la mañana.
A la hora de la comida, Rodolfo le dice que coma en el área de servicio. La comida de los empleados está en el refrigerador. 15 minutos. Esperanza abre y encuentra solo un sándwich simple y jugo. Come rápido y regresa al trabajo. En la tarde, Rodolfo inventa otra humillación. Esperanza, se me cayó un plato en la cocina. Límpielo.
En la cocina, comida regada por el piso. Es obvio que la tiró a propósito. Límpielo bien. No quiero ni una amigajita. Esperanza se agacha y limpia todo. Rodolfo se queda viendo con sonrisa cruel. Gente como usted nace para servir a gente como nosotros. No. Esperanza para y lo mira. Mande nada. Siga limpiando. En el camión de regreso a casa, Esperanza le habla a doña Remedios.
¿Cómo te fue el primer día? Difícil. El patrón es muy exigente, pero está bien, ¿no? Por el sueldo vale la pena aguantar. Sí, creo que sí, pero Esperanza tiene un mal presentimiento. El segundo día, Rodolfo aumenta la persecución. El baño de la suite está hecho un cochinero. Vaya y déjelo brillando. Esperanza sube. El baño está limpio, pero hace el trabajo.
Cuando termina, Rodolfo aparece con zapatos sucios y pisa el piso mojado. Mire qué cochinero. Hágalo otra vez. Pero usted acaba de ensuciarlo. Me está acusando Esperanza respira profundo. No, señor, voy a limpiar. El tercer día empeora. Hoy quiero todas las ventanas lavadas por dentro y por fuera. Son más de 50 ventanas. Esperanza trabaja bajo el sol fuerte.
A media tarde, Rodolfo tira agua sucia en una ventana limpia. ¡Ups! ¡Qué descuido! Va a tener que lavarla otra vez. Esperanza lo mira con lágrimas en los ojos, pero no dice nada. ¿Cuál es el problema? Gente de su clase no puede quejarse de trabajo honesto. Esperanza aprieta los puños, pero sigue. Necesita el trabajo.
Rodolfo piensa, “En una semana va a estar tan quebrada que ni se va a acordar de mi hijo.” Al final del día, Esperanza llega a casa destrozada. Niña, ¿qué te pasó? Estás pésima. Doña Remedios, ese hombre no es normal. Me humilla todo el día. Todo patrón rico es medio raro, tienes que aguantar. No es solo raro, es como si le gustara verme sufrir. Esperanza no sabe que está en lo cierto.
Una semana después, Esperanza está limpiando la sala cuando encuentra una foto en la mesa. Es de un niño pequeño, como de 5 años con cabello chino. Toma la foto y se le para el corazón. Es Mateo. Encontró algo interesante. Esperanza se voltea. Rodolfo está en la puerta con sonrisa malvada. Este niño yo lo conozco. Lo conoce.
Rodolfo entra a la sala. Interesante. ¿De dónde conoce a mi nieto? Su nieto. Esperanza siente que se le doblan las piernas. Usted es Rodolfo Montemayor, papá de Sebastián. Mucho gusto en conocerla oficialmente. Esperanza deja caer la foto. ¿Usted sabía quién era yo? Claro que lo sabía.
Cree que fue casualidad, pero ¿por qué? Porque quería que supiera cuál es su lugar en el mundo. Rodolfo se acerca intimidante. Mi hijo se ilusionó con usted, pero yo sé lo que es. Una oportunista que vio a un hombre rico y creyó que le tocó la lotería. No es cierto, ¿no? Entonces, ¿por qué aceptó trabajar aquí por 15,000? ¿Por qué no rechazó cuando le ofrecí más de lo que vale? Esperanza se queda sin respuesta. Es lo que pensé. Usted es igual a todas. Solo piensa en dinero.
Usted no me conoce. Conozco muy bien su tipo. Mi hijo es ingenuo, pero yo sé cómo funciona el mundo. La puerta del frente se abre. Sebastián entra gritando, “Papá, necesito hablar con usted sobre esperanza.” Sebastián se para en medio de la sala impactado. Esperanza, ¿qué estás haciendo aquí? Trabajando para su papá.
¿Dónde más iba a estar una muchacha de limpieza? La voz de esperanza está cargada de dolor. Hijo Rodolfo dice teatralmente, esta es esperanza, empleada excelente, muy dedicada. Sebastián mira de su papá a Esperanza. Papá, ¿usted sabía que era ella? Claro. Y la contraté justamente por eso.
¿Cómo? Porque quería mostrarles a los dos cuál es el lugar de ella en nuestra familia. Esperanza toma el balde y el trapo. Si me permiten, necesito terminar mi trabajo. Esperanza. Espera. Sebastián trata de hablar. No tenemos nada de que platicar, patrón. Usted ya dijo todo ayer en el restaurante, pero puedo explicarte. Explicar qué? Que me trajo a casa de su papá para humillarme más, para demostrar que solo soy una empleada. Yo no sabía que estabas trabajando aquí. No sabía.
Esperanza se ríe con amargura. Claro que no, porque un millonario se iba a preocupar por una muchacha de limpieza pobre. Rodolfo observa satisfecho. Esperanza. Sebastián trata de acercarse. Escúchame. No. Esperanza se aleja. Ya escuché demasiado. Escuché mentiras por tres meses, pero no hay peros. Ahora ya sé cuál es mi lugar. Su papá me lo dejó muy claro.
Esperanza va a la cocina. Sebastián la sigue. Mi papá no representa lo que yo pienso. No. Entonces, ¿por qué no dijo nada cuando dijo que mi lugar es servirlos a ustedes? Sebastián se queda sin respuesta. Es lo que pensé. Esperanza mueve la cabeza. Ustedes son iguales. No somos iguales. Sí son.
La única diferencia es que su papá, por lo menos, es honesto sobre su desprecio. Esperanza toma sus cosas y va hacia la puerta. ¿A dónde vas? Me voy. No me voy a quedar siendo humillada por ustedes. Y el trabajo. Esperanza se para y mira a Sebastián. Quédese con el trabajo. Podré ser pobre, pero todavía tengo dignidad. Sale dando un portazo.
Sebastián se queda en la sala con su papá. Ya ves, Rodolfo dice, “Te dije que solo quería dinero. A la primera dificultad se largó. Usted hizo esto a propósito. Sí, lo hice y lo haría otra vez. Ahora ya viste su verdadero carácter. Sebastián mira a su papá con asco. El único carácter que vi fue a usted humillando a una mujer trabajadora.
Sebastián, no quiero platicar más. Sebastián se va dejando a Rodolfo solo, pero satisfecho. Esperanza nunca más va a querer saber de su hijo. En los días siguientes, Rodolfo pone en marcha la segunda parte del plan. Sabe que Sebastián todavía ama a Esperanza y puede tratar de reconquistarla. Necesita plantar veneno de los dos lados.
Rodolfo va hasta Nesahualcoyotl, deja el carro de lujo lejos y camina hasta la casa de Esperanza. Esperanza, soy Rodolfo Montemayor. Esperanza abre la puerta con cara fea. ¿Qué quiere aquí? Quiero platicar. ¿Puedo pasar? puede hablar ahí mismo. Vine a avisarle algo importante. Esperanza cruza los brazos. ¿Qué cosa? Mi hijo está comprometido con Fernanda Aranda. Se van a casar en diciembre.
Esperanza siente una puñalada en el pecho, pero no lo demuestra. ¿Y eso qué tiene que ver conmigo? Nada. Solo creí que debía saberlo para que no se haga ilusiones. Rodolfo saca el celular y le enseña fotos. Son imágenes de Sebastián con una mujer gerera bonita en eventos sociales. Estas fotos son de anoche.
Fueron juntos a la inauguración de un restaurante. Esperanza mira las fotos. Sebastián está sonriendo al lado de la mujer. Se ven cómodos. Como le dije, era solo para que no se hiciera ilusiones. No me estoy haciendo ilusiones de nada. Perfecto, entonces nos entendemos. Rodolfo se va dejando a esperanza destrozada. Ella no sabe que las fotos son de hace dos años antes de conocerla.
El mismo día, Rodolfo busca a Sebastián en la empresa. Hijo, necesito hablarte sobre esa muchacha de limpieza. No quiero hablar de esperanza. Pero necesita saber algo. Anda diciendo que ustedes fueron novios. Sebastián levanta los ojos. ¿Qué anda contando que le prometiste casarte con ella? Está usando tu nombre para conseguir cosas.
¿Qué tipo de cosas? Préstamos. Fiado en el mercado. Estoy recibiendo llamadas de gente cobrando sus deudas. Sebastián frunce el ceño. No creo que ella haría eso. Sebastián, eres ingenuo. Vio la oportunidad y la está aprovechando. Rodolfo le enseña papeles. Mira aquí, tres préstamos a tu nombre. Falsificó tu firma. Los papeles son falsos, pero Sebastián no lo sabe.
Dijo que se iban a casar y que tú pagarías después. Sebastián toma los papeles, incrédulo. No lo puedo creer, pues créelo. Y hay más. Les está contando a los vecinos que tú eres el papá del hijo que está esperando. ¿Qué hijo está embarazada, Sebastián? Y anda diciendo que tú eres el papá. Sebastián se pone pálido. Embarazada.
Sí, pero no te preocupes. Llaman de investigar. El papá es un tipo con el que andaba antes de conocerte. Sebastián se sienta impactado. Ya ves por qué no quería que te metieras con ella. Gente así solo trae problemas. No puedo creerlo. Sebastián, la conociste fingiendo ser pobre. Ahora se está aprovechando para salir adelante. Sebastián se siente confundido.
Por un lado, no quiere creer. Por otro, las pruebas parecen convincentes. ¿Qué hago? Nada. Ignórala completamente. Pronto se va a cansar y va a buscar a otro tonto. Mientras tanto, Esperanza está en casa de doña Remedios. Me enseñó fotos de Sebastián con una mujer hermosa. Se van a casar en diciembre. Ay, niña, qué tristeza. Ya lo sabía, doña Remedios.
Los hombres ricos no se casan con muchachas de limpieza, pero dijiste que él te amaba. Amor. Esperanza se ríe con amargura. Solo estaba jugando conmigo. Ahora regresó a la realidad. ¿Y si vas a hablar con él, a explicar tu lado? No hay nada que explicar. Él mintió. Yo me enteré. Se acabó. Esperanza se limpia los ojos. Es mejor así. Yo nunca iba a encajar en su mundo.
No digas eso. Es la verdad. Soy muchacha de limpieza. Él es millonario. Eso no existe en el mundo real. Esperanza no sabe que Sebastián está sufriendo tanto como ella y que toda la información son mentiras de Rodolfo. El plan del villano está funcionando perfectamente. Dos semanas después, Rodolfo se da cuenta de que el plan no está completo.
Sebastián sigue triste. Pregunta por esperanza a los empleados. Mateo no para de llorar pidiendo por mamá esperanza. Necesito dar el golpe final. piensa algo que haga que Sebastián la odie de verdad. Le llama a Leticia. Necesito otro favor. ¿Qué es, Señor? Quiero que busques a Esperanza otra vez.
Invéntate cualquier historia y tráela aquí. No va a querer regresar. Sí va a querer. Ofrécele 25,000 para hacer limpieza de fin de semana. Una mujer pobre no se puede negar. El sábado, Leticia toca el timbre de la casa de Esperanza. Esperanza. Soy Silvia, ¿te acuerdas? Esperanza abre desconfiada. ¿Qué quiere? Tengo una propuesta. Trabajo de fin de semana. 25000 por dos días.
Esperanza abre los ojos. 25000. Sí. Mi esposo va a dar una fiesta el lunes. Necesito que la casa quede perfecta. Esperanza duda, sabe que es arriesgado, pero 25,000 es mucho dinero. ¿Qué tipo de trabajo? Limpieza general, sacar brillo a la plata, cristales, organizar todo. Pesado, pero bien pagado.
Y el señor Gilberto va a estar, ¿no? Se fue de viaje, solo yo y tú en la casa. Esperanza respira profundo. Acepto. El sábado por la mañana, Esperanza llega a la mansión. Leticia le enseña lo que tiene que hacer. Vas a empezar por el comedor, después la sala. El señor Gilberto quiere todo perfecto. Pensé que se había ido de viaje. Se fue, pero dejó instrucciones.
Esperanza empieza a trabajar, limpia toda la sala, le saca brillo a cada objeto de plata, organiza los cristales. A media tarde, Leticia desaparece sin avisar. Esperanza sigue sola. A las 5, Rodolfo aparece en la sala. Tiene un reloj de oro carísimo en la mano. Esperanza, qué bueno que viniste. Esperanza se pone tensa. Pensé que se había ido de viaje. Cambio de planes.
Vine a buscar unas cosas. Rodolfo pone el reloj en la mesa y se va. Sigue trabajando. No te preocupes por mí. Esperanza termina la sala y va a buscar material a la cocina. Cuando regresa, el reloj ya no está en la mesa. Qué raro, piensa. Debe habérselo llevado.
A las 6 esperanza está terminando cuando Rodolfo regresa acompañado de Sebastián. Hijo, vine a enseñarte algo importante. Sebastián entra y ve a Esperanza. Esperanza, ¿qué estás haciendo aquí? Trabajando. La señora Silvia me contrató para limpieza especial. ¿Qué señora Silvia? Rodolfo interrumpe. Sebastián, no es por eso que te llamé. Mira a Esperanza fingiendo preocupación.
Esperanza, ¿dónde está el reloj que dejé en esta mesa? ¿Qué reloj? Un reloj de oro que puse aquí antes de salir. Muy valioso. No sé. Cuando regresé de la cocina ya no estaba aquí. Interesante. Rodolfo finge pensar. Solo estábamos tú y yo en la casa. Esperanza se pone nerviosa. Está insinuando que yo lo tomé.
