En ese momento entendí que no se trataba de una redada cualquiera…
Y lo peor…
Daniel lo sabía antes que nadie.
EL SECRETO QUE DANIEL ME OCULTÓ
Manejé sin rumbo fijo, hasta que los dedos se me acalambraron de tanto apretar el volante. Emma guardó silencio en el asiento trasero, sintiendo mi miedo aunque no lo entendiera. Me detuve en el estacionamiento vacío de un supermercado y contesté de nuevo.
—Dímelo todo —le exigí, con la voz quebrada.
Suspiró con dificultad.
—Nunca quise que te enteraras así.
—¿Enterarme de qué?
—Trabajo para una empresa privada de ciberseguridad contratada por la Fiscalía —confesó—. Analizo delitos financieros: lavado de dinero, empresas fantasma, transferencias ilegales.
Me quedé mirando el tablero, como si no pudiera enfocar la vista.
—Tú siempre dijiste que trabajabas en sistemas.
—No te mentí —respondió—. Solo no te dije toda la verdad.
—Entonces… ¿por qué la policía estaba en casa de mi hermana?
—Porque hace tres semanas detectamos una transferencia ilegal enorme —dijo—. Millones de pesos movidos a través de fundaciones falsas. Todo llevaba a una sola dirección residencial.
Tragué saliva.
—¿De quién?
Hubo una pausa larga, pesada.
—De tu hermana.
Sentí que el aire me abandonaba.
—Eso es imposible. Mariana es enfermera.
—Precisamente por eso funcionó —dijo—. Usaron su nombre y su dirección sin que ella lo supiera. Alguien cercano usaba su red y su buzón para mover el dinero.
Mi mente empezó a unir piezas.
—¿Su esposo?
—Sí —respondió Daniel—. Marco.
