Me casé con un indigente del que todos se burlaron y rieron durante toda la boda...-nana

La boda se transformó. Los invitados se acercaron a abrazarnos, a disculparse, a compartir sus propias dificultades. La frialdad se derritió y dio paso a la calidez y la empatía. Laura se acercó, con los ojos hinchados.

—Lo siento, Marcus. De verdad —susurró.

Él la abrazó con suavidad.

Más tarde, cuando la fiesta terminó, nos sentamos en una habitación modesta de hotel, una estancia temporal.

—¿Por qué no me hablaste antes de Emma y Claudia? —le pregunté.

Marcus tomó mi mano.

—Porque quería que me amaras por quien soy ahora, no por lástima. Y no lo hiciste. Me elegiste. Y eso lo es todo.

La historia de Marcus me recordó que la vida puede quitártelo todo en un instante, pero también puede darte segundas oportunidades de las formas más inesperadas.

El hombre que una vez durmió en la calle podía heredar millones. La mujer que una vez se sintió impotente podía elegir un amor que lo cambia todo. La empatía, el coraje y ver a las personas más allá de sus peores momentos… eso es lo que realmente transforma vidas.

Marcus me salvó tanto como yo lo salvé a él. Y al final, ese es el verdadero significado del amor.