Todos hemos experimentado esa pequeña sorpresa al encontrarnos con alguien a quien no hemos visto en años. Para mí, fue Leo, antes la "Sra. Harpin", el dinámico profesor que hizo historia tan cautivadora. En el mercado de mi pequeño pueblo, su sonrisa no había cambiado, pero todo lo demás parecía diferente: más relajado, más seguro, casi... familiar.

Este momento aparentemente ordinario despertó recuerdos de mi adolescencia que creía profundamente enterrados. En aquel momento, sus palabras de aliento me conmovieron, aunque no comprendí realmente su significado. Pero ese día, al escucharla hablar de sus nuevos proyectos y su vida como maestra, sentí que un vínculo invisible se reconstruía entre nosotras.
