La "paradoja de la limpieza": por qué ducharse con menos frecuencia podría ser la clave para una piel más sana después de los 65

Ducharse a diario es uno de esos hábitos automáticos que nunca cuestionamos. Es un ritual reconfortante, casi sagrado, transmitido desde la infancia. Sin embargo, después de cierta edad, este acto aparentemente sencillo podría no ser tan beneficioso como creemos. Si sientes la piel tirante, con picazón o más frágil después de los 65, el problema podría no deberse únicamente al paso del tiempo, sino a tu rutina de higiene y a la ducha diaria.

Cuando la piel madura ya no funciona como antes

Con el paso de los años, la piel sufre cambios profundos. Se vuelve más fina, más seca y, naturalmente, produce menos película hidrolipídica protectora. Este escudo invisible, esencial para el bienestar de la piel, ayuda a retener la hidratación y a preservar su equilibrio natural.

Sin embargo, las duchas frecuentes, especialmente con agua caliente y productos de limpieza convencionales, tienden a eliminar esta película protectora. Como resultado, la piel se vuelve más vulnerable, más sensible y, en ocasiones, incómoda, sobre todo en piernas, brazos y espalda, zonas propensas a la sequedad en  la piel madura después de los 65 años .

La paradoja de la limpieza moderna