“Así que decidí criaria sola. Conseguí trabajo limpiando oficinas de noche. Lucía se quedaba con mi hermana. Todo iba bien hasta que me enfermé hace dos años. Perdí el trabajo. Perdí el apartamento. Perdí todo.”
Mariana tosió. Una enfermera entró a revisar sus signos vitales y volvió a salir en silencio.
“Cuando supe que me quedaban pocos meses, entré en pánico. No tengo familia. Mi hermana murió el año pasado. No había nadie para Lucía. Así que… así que tomé la decisión más difícil de mi vida.”
“¿Dejarla en un contenedor?” – la voz de Ricardo sonó más dura de lo que pretendía.
“Dejarla donde sabía que tú pasabas todas las mañanas” – respondió Mariana, mirándolo directamente a los ojos – “Investigué tu rutina. Seis meses observando. Sabía que ibas a esa reunión matutina todos los martes. Sabía que pasabas por esa calle. Aposté todo a que tu humanidad, si es que quedaba algo de ella, reaccionaría al ver a una niña.”
Ricardo se quedó sin palabras.
Esta mujer, enferma y desesperada, había planeado todo con una precisión que él respetaba.
“Lucía está bien” – dijo finalmente – “Está en el mejor hospital. Los médicos dicen que se recuperará completamente.”
Los ojos de Mariana se llenaron de lágrimas.
“Gracias.”
“Y yo…” – Ricardo tragó saliva – “yo me haré cargo. De todo. De ella. De ti. Los mejores doctores. El mejor tratamiento.”
“Es muy tarde para mí.”
“Entonces déjame intentarlo. Por favor.”
Mariana extendió su mano temblorosa. Ricardo la tomó.
“Solo prométeme una cosa” – dijo ella – “Prométeme que no vas a convertirla en lo que tú eres. Que le enseñarás que el dinero no es lo más importante. Que ser rico no vale nada si tienes el corazón pobre.”
Artículo Recomendado El Lamento Silencioso del Millonario: La Verdad Detrás de “Necesito Hacer el Amor” te Dejará Sin Aliento
Ricardo asintió, incapaz de hablar.
El Nuevo Comienzo
Mariana Flores murió dos semanas después, rodeada de flores y con la certeza de que su hija estaría bien.
Ricardo pagó el funeral más digno que pudo. Estuvieron solo él, Lucía y un sacerdote.
La prueba de ADN confirmó lo que su corazón ya sabía: Lucía era su hija.
Tuvo que explicarle la situación a su esposa. Fue la conversación más difícil de su vida. Hubo lágrimas, gritos, platos rotos y amenazas de divorcio.
Pero al final, después de semanas de terapia familiar, decidieron darle una oportunidad. Por Lucía.
