La Niña del Contenedor y el Magnate: La Verdad que Sacudió al Mundo

Lloró por la niña que había dormido en un contenedor mientras él dormía en sábanas de seda egipcia.

Lloró por Mariana, la mujer cuyo nombre apenas recordaba, que había criado sola a su hija durante seis años antes de rendirse ante la enfermedad y la pobreza.

Lloró por el hombre que había sido, tan ocupado construyendo su fortuna que se olvidó de ser humano.

La Búsqueda Desesperada

Mientras Lucía descansaba en la mejor habitación del hospital, Ricardo puso en marcha una operación de búsqueda masiva.

Contrató investigadores privados. Rastreó hospitales públicos. Refugios. Morgues.

Tenía que encontrar a Mariana.

La encontraron tres días después en un hospital de beneficencia al otro lado de la ciudad. Cáncer terminal. Etapa cuatro. Le quedaban semanas, tal vez días.

Cuando Ricardo entró a esa habitación fría y gris, llena del olor a desinfectante barato, vio a una mujer de apenas cuarenta años que parecía tener setenta. La enfermedad la había consumido hasta dejarla en huesos.

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Pero cuando sus ojos se encontraron, algo en ella se iluminó.

“Sabía que la encontrarías” – dijo con una voz débil pero firme.

Ricardo se sentó en la silla de plástico junto a la cama.

“¿Por qué nunca me dijiste?”

Mariana sonrió con tristeza.

“Lo intenté. Después de que naciera. Te busqué en tu oficina. Tu secretaria me dijo que el señor Salinas no recibía visitas sin cita previa. Que necesitaba llenar formularios. Que pasara con su abogado.”

Ricardo sintió cómo cada palabra era un golpe directo al estómago.

“Fui tres veces. La tercera vez, tu seguridad me sacó del edificio. Me dijeron que si volvía, llamarían a la policía. Que había muchas mujeres como yo tratando de sacarle dinero.”

Silencio.