La hija del empresario viudo no había comido en dos semanas… ¡hasta que llegó la nueva criada y cambió todo!

La hija del empresario viudo no había comido en dos semanas… ¡hasta que llegó la nueva criada y cambió todo!

Claudia Hernández llegó a la mansión a las siete en punto, con el sol apenas levantándose sobre las jacarandas de Zapopan. Traía una bolsa de manta al hombro, un uniforme barato que había comprado con lo último que le quedaba y un papel arrugado con la dirección, doblado tantas veces que ya parecía una servilleta.

La agencia le había llamado la noche anterior:

—Trabajo urgente. Buen sueldo. Pero… nadie dura más de tres días.

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