El Sargento Primero Eduardo Cárdenas creyó que estaba humillando a una simple recluta en el desierto de Sonora, sin saber que en realidad estaba firmando su propia sentencia frente a una oficial superior infiltrada.

—Se va a arrepentir, mi sargento.

—Ojalá lo hubiera hecho antes —respondió.

Esa noche marqué el número seguro.

—Aquí la Teniente Coronel Rebeca Torres. Código rojo en La Culebra. Solicito intervención inmediata.

A las ocho de la mañana siguiente, helicópteros Cougar aterrizaron levantando nubes de polvo. La General Patricia Herrera, del alto mando del Ejército Mexicano, descendió acompañada de la Policía Militar.

—¿Es usted responsable de esta unidad? —preguntó a Cárdenas.

—Sí, mi general…

—¿Y de esta recluta?

—Medida disciplinaria…