El sacerdote detiene la boda tras notar algo extraño en la novia. Entonces ocurre lo increíble…

anco. No lo había visto en misa en varios meses.

—Robert —dijo el padre Michael, sentado a su lado—. Me alegra verte. Robert asintió, con el rostro más delgado que antes, pero más sereno.

Necesitaba un tiempo lejos de todo. Es comprensible, respondió el padre Michael. ¿Cómo has estado? Creo que mejor, dijo Robert.

Cerré dos de mis tiendas y vendí el terreno que me dejó mi tío. El padre Michael arqueó las cejas, sorprendido. ¡Qué gran cambio!

Me di cuenta de que estaba trabajando muy duro para construir algo, pero no sabía para qué. Robert sonrió levemente. El dinero financia una beca de enfermería en el colegio comunitario.

En nombre de Anna, la verdadera Anna. «Qué maravilla», dijo el padre Michael, sinceramente conmovido. «Estoy seguro de que Grace Chen se conmovería con ese gesto».

Ella lo era. Seguimos en contacto. Robert hizo una pausa.

Se ha convertido en mi familia, de una forma extraña. Ambos perdimos a alguien, aunque nunca conocí a Anna. Se quedaron sentados en un cómodo silencio un momento antes de que Robert volviera a hablar.

Vi a Lynn ayer. El padre Michael no pudo ocultar su sorpresa. ¿En la cárcel? No, ya salió.

Aceptó un acuerdo con la fiscalía, se presentó a juicio contra los principales implicados en la red de robo de identidad y logró que le redujeran la sentencia a tiempo cumplido más libertad condicional. Robert se pasó una mano por el pelo. Trabaja en un restaurante del centro, usando su nombre real, intentando empezar de cero.

¿Cómo fue esa reunión? Extraña, triste, necesaria. Robert se miró las manos. Necesitaba oírla disculparse, y ella necesitaba decirlo.

Ella lloró. Creo que lo decía en serio. ¿Y la perdonaste?, preguntó el padre Michael con dulzura.

Robert pensó un momento. No del todo. Quizás nunca lo haga, pero ya no estoy enojado.

—Eso es algo, ¿verda