“El padre casó a su hija, ciega de nacimiento, con un mendigo… y lo que ocurrió después conmocionó a mucha gente”.-NANA

Lo que Zainab había demostrado —su dignidad, su fuerza y, sobre todo, su amor incondicional por Yusha— hizo que muchos de sus antiguos escépticos comenzaran a respetarla.

Pero la vida en palacio no sería fácil.

Aunque Zainab había encontrado su lugar junto a Yusha, los desafíos eran muchos. La corte real era un lugar plagado de intrigas, gente con sus propios intereses y quienes veían a Zainab como una amenaza a la tradición. 

Los susurros en los pasillos del palacio eran inevitables, y las miradas que la observaban no siempre eran amistosas. 

Sin embargo, Zainab había aprendido a ver el mundo de otra manera. Aunque no podía ver con los ojos, podía percibir las intenciones a través del tono de voz, las actitudes y los silencios.

Una tarde, mientras paseaba por los jardines del palacio con Yusha a su lado, Zainab reflexionó sobre todo lo que había vivido.

A pesar de sus esfuerzos por aceptarla, siempre había algo que la inquietaba, una sensación de no ser del todo bienvenida. 

No era su ceguera, sino algo más profundo, algo conectado con su pasado y la vida que se había visto obligada a dejar atrás.

"A veces siento que aún no me han aceptado del todo", le confesó a Yusha, apoyándose en su brazo. Él la miró con ternura y comprensión.

—Lo sé, Zainab. Y aunque no puedo cambiar lo que piensen los demás, quiero que sepas que para mí, siempre serás suficiente.

No eres solo mi esposa, eres la mujer que amo con todo mi corazón.

Zainab se detuvo y lo miró. Aunque no podía verle la cara, su voz era todo lo que necesitaba oír.

La calma en sus palabras la hizo sentir segura, aunque el eco del rechazo aún latía en su corazón.

—Sé que no será fácil —continuó Zainab—. Mi padre nunca aceptó quién soy.

Y ahora, en este palacio, temo que solo me vean por mi ceguera, por mi pasado. A veces no sé si merezco todo esto.

Yusha se inclinó hacia ella, levantando cuidadosamente su rostro y asegurándose de que su tono fuera suave pero firme.

—Zainab, te mereces todo lo que tienes. Y mucho más. No es tu ceguera lo que te define, ni tu historia.

Lo que te define es tu alma, tu bondad, tu valentía. Y por eso, eres la princesa, no solo de este palacio, sino de mi corazón. 

No importa lo que digan los demás. No eres un accesorio ni una curiosidad. Lo eres todo para mí.

Con esas palabras, Zainab sintió que una calidez la invadía.

Yusha no solo la aceptaba, sino que la amaba por quien realmente era, sin importar su apariencia, su ceguera o su pasado. Su amor era una fuerza que la llenaba de confianza.

En ese momento, Zainab decidió que no permitiría que los prejuicios de la corte ni los recuerdos de su padre la definieran.

No sería solo la esposa del príncipe ni la princesa ciega. Sería mucho más. 

Sería la mujer que transformaría el palacio desde dentro, una mujer que demostraría que el verdadero poder reside en la autenticidad, en ser una misma sin importar los obstáculos.

Así, Zainab comenzó a desempeñar un papel activo en la corte.

Usó su voz, su sabiduría y su sensibilidad para empezar a cambiar la percepción de los nobles. No con palabras duras, sino con acciones. 

Durante las reuniones de la corte, se dedicaba a escuchar a cada noble, comprender sus preocupaciones y buscar soluciones que beneficiaran a todos. 

Poco a poco, comenzó a ganarse el respeto del pueblo, no por su título, sino por su corazón y su capacidad para unirlos.

Al mismo tiempo, Yusha estuvo ahí para apoyarla en cada paso del camino.

Aunque era el príncipe, no temía compartir el protagonismo con Zainab, sabiendo que su verdadero papel era acompañarla en su camino, respetarla y amarla tal como era.

Con el paso del tiempo, Zainab empezó a sentirse más fuerte y segura de sí misma.

Sabía que la aceptación que buscaba no provenía de los demás, sino de ella misma. Y así, con el paso de los años, Zainab dejó de ser simplemente la princesa de un palacio. 

Se convirtió en la reina de su propio destino, transformando no solo la corte, sino también la vida de quienes la rodeaban.

El palacio estaba lleno de luz, no por la riqueza ni el poder de la corona, sino por la autenticidad de Zainab.

Había encontrado lo que buscaba: un lugar en el mundo donde no se la viera por lo que le faltaba, sino por lo que tenía para ofrecer.

Yusha, a su lado, siempre fue su apoyo incondicional.

Juntas, crearon un reino donde el amor, la aceptación y la verdadera fuerza interior prevalecieron por encima de todo.

Porque, al final, Zainab había aprendido que el amor no se basa en las apariencias, sino en la profunda conexión entre los corazones.

FIN.