—¿Papá? —preguntó Francisco, viéndolo.
Los tres niños se lanzaron sobre él como una avalancha de amor. Alejandro se tiró al suelo, dejándose vencer por ese ejército de abrazos. María se acercó gateando y le dio un beso sonoro en los labios.
—Has llegado pronto —dijo ella, con los ojos brillando.
—No —respondió Alejandro, mirando a su familia, a la mujer que había convertido una casa fría en un hogar incandescente, y a los hijos que le habían enseñado el verdadero significado del éxito—. He llegado justo a tiempo. Llegué el día que te escuché cantar.
Esa noche, Alejandro anunció la creación de la “Fundación Familia Vega”, una organización dirigida por María destinada a apoyar a padres solteros y familias en crisis, proveyendo cuidados infantiles y apoyo psicológico. Quería que el milagro que ocurrió en su cocina se replicara en miles de hogares.
Porque Alejandro había aprendido la lección más importante de todas: el dinero puede comprar una casa, pero solo el amor, la presencia y la dedicación pueden construir un hogar. A veces, lo que parece el peor día de tu vida, el día en que crees que todo se desmorona y que debes despedir a alguien, es en realidad el día en que el destino te está haciendo el regalo más grande: la oportunidad de volver a empezar.
Y así, el millonario que volvió a casa para despedir a la niñera, terminó contratándola para el puesto más importante del mundo: ser el amor de su vida y la madre de su corazón.
