El dibujo que lo cambió todo

Seguimos yendo a terapia. Juntos.

Pegamos el dibujo de Ruby en la nevera, no como prueba de traición, sino como recordatorio. Una advertencia. Una lección.

Ahora, los sábados vuelven a ser nuestros. A veces desordenados. A veces ruidosos. A veces solo panqueques en pijama.

Una noche, mientras doblaba la ropa, le pregunté a Dan: “¿Por qué el vestido rojo?”

Sonrió levemente. «Lo usó una vez. Ruby lo llamó un color navideño».

Me hizo reír y el sonido me pareció un alivio.

Molly dijo algo durante una sesión que nunca olvidaré:

Los hijos no reemplazan a las personas en sus corazones. Hacen espacio.

Había pasado días imaginando la traición. Lo que Ruby realmente hacía era buscar consuelo.

El silencio casi nos destroza. No son mentiras. No es infidelidad.

Silencio.

Y ahora, cuando caminamos por el parque con Ruby balanceándose entre nosotros, pienso en lo cerca que estuvimos de perderlo todo, no por otra mujer, sino porque dejamos de hablar.

El silencio puede ser más fuerte que las palabras.