¿Te ha pasado que, al bajar un escalón, tu cuerpo hace una pausa de más… como si midiera el riesgo? A veces no es el dolor lo que asusta, sino la idea de una caída “tonta” que cambie tu vida. Y lo curioso es que, mientras el café perfuma la mañana, la seguridad en tus piernas parece llegar un poco más tarde que antes.
En México, muchas personas mayores de 60 viven con ese miedo silencioso. No siempre lo dicen. Pero se nota cuando evitan cargar el garrafón, cuando prefieren no salir si llovió o cuando se agarran del barandal con fuerza. Y aquí viene la pregunta que abre la puerta a todo. ¿Y si la base de tu fortaleza estuviera en un alimento barato, de mercado, que quizá has visto toda la vida?
Quédate, porque primero hay que entender por qué a veces “hacer lo correcto” no funciona como esperamos.
