Creciendo a la sombra de la pérdida
Pasaron los años. Emily se convirtió en una joven reflexiva y observadora. Le atraían los rompecabezas, los detalles, las preguntas sin respuesta. Se comportaba con una madurez que superaba su edad, como si una parte de ella hubiera madurado demasiado rápido.
Cuando se fue a la universidad, lloré más que en el funeral. Uno no se da cuenta de cuánta vida aporta alguien a un hogar hasta que lo deja atrás.
Después de graduarse, regresó y empezó a trabajar como asistente legal. Era perspicaz, decidida y amable. Volvimos a encontrar un ritmo tranquilo, dos personas que habían aprendido a convivir en silencio.
Luego, cuando se acercaba el aniversario de la tormenta, algo cambió.
Emily se concentró de una manera que me inquietó. No distante, sino atenta. Empezó a hacer preguntas que no había escuchado en décadas.
¿A qué hora se fue su familia esa noche? ¿
Quién más estaba en el camino?
¿Continuó la investigación?
Sus ojos estudiaron mis respuestas, como si las estuviera sopesando frente a algo que ya sabía.
