Del veredicto médico a tres cunas: la historia de Antonia que transformó el miedo en determinación…

Los primeros exámenes indicaban gemelos. Eso ya era impactante. Antonia pasaba noches en vela preguntándose si su cuerpo resistiría, si psicológicamente sería capaz de soportar una carga así. Pero el verdadero shock llegó en la ecografía de la semana 12. En la pantalla aparecieron tres corazones latiendo.

Trillizos.

Esta noticia no trajo felicidad inmediata. Primero llegó el miedo crudo. Tres niños significaban triple responsabilidad, riesgo e incertidumbre. Antonia dudaba de sí misma, de su salud y del futuro. Su esposo reaccionó con entusiasmo, pero ella sabía bien que el mayor peso recaería sobre ella, tanto física como emocionalmente.

El embarazo transcurrió bajo un estricto control médico y, aun así, fue sorprendentemente tranquilo. Antonia trabajó hasta el séptimo mes y se negó a dejarse dominar por el miedo. En la semana veinte se sometió a un procedimiento destinado a apoyar el embarazo. No lo vio como una amenaza, sino como una oportunidad. Se fijó un objetivo claro: aguantar el mayor tiempo posible, día tras día, semana tras semana.

Cada día más era una pequeña victoria.
Cada latido confirmado, una prueba de que valía la pena.