A las pocas horas de llegar, Mateo y Lucas iniciaron una agresiva huelga legal. Isabel se quedó con su madre mientras Lucas presentó recursos de emergencia que congelaron todos los activos líquidos que Ricardo controlaba, incluidos los fondos corporativos de Valdés Tech.
Ricardo intentó transferir dinero al extranjero y fracasó. Presa del pánico, cometió su peor error: le ordenó a Carla que destruyera los registros financieros ocultos en su apartamento.
Lo que no sabía era que los investigadores privados ya la estaban vigilando.
Cuando interceptaron a Carla, Mateo le contó la verdad: Ricardo tenía antecedentes. Múltiples mujeres. Manipulación financiera. Empresas fantasma creadas usando la identidad de sus socios, incluida la de Isabel.
Ante la posibilidad de prisión o cooperación, Carla se derrumbó. Lo reveló todo: cuentas secretas, firmas falsificadas y el plan de Ricardo de huir del país si lo descubrían.
El patrón se volvió más oscuro. Ricardo se había casado dos veces antes, matrimonios que le había ocultado a Isabel. Esas mujeres, Amanda y Jennifer, contaban la misma historia: manipulación emocional, ruina financiera, amenazas de silencio.
Bajo el estrés, Isabel se desplomó y fue hospitalizada con complicaciones en el embarazo.
Ricardo se presentó en el hospital con su madre, exigiendo acceso. Intentó obligar a Isabel a firmar documentos: acuerdos de confidencialidad disfrazados de protección para el bebé, a cambio de dinero.
Lucas lo detuvo en seco.
«Tu dinero está congelado. Y se te acaba el tiempo».
Ricardo huyó antes de que llegara la policía. Pero ya era demasiado tarde. La prensa recogió la noticia. Isabel habló públicamente desde su cama de hospital, exponiendo no solo el romance, sino también el fraude.
El FBI emitió una orden de arresto.
Ricardo desapareció.
