“Dejemos de fingir: te he estado engañando con tu mejor amigo durante seis meses”. Mi marido rico me echó de casa cuando estaba embarazada, sin darse cuenta de que mis dos hermanos eran los abogados que lo encerrarían durante 22 años.

Parte 1: Secretos tras puertas cerradas

Con siete meses de embarazo, Isabel Vega se sentía anclada únicamente por el peso constante de su vientre en un día que de repente se sintió extraño. Su cita prenatal había sido cancelada sin previo aviso, así que decidió irse a casa temprano y sorprender a su esposo, Ricardo Valdés, el encantador director ejecutivo de Valdés Tech.

Al entrar en su mansión en la ladera de Malibú, el silencio le pareció extraño. Al dejar el bolso, algo en el vestíbulo le llamó la atención: un bolso de diseñador que reconoció al instante. Era de Carla Muñoz, su mejor amiga desde la universidad. Isabel sonrió al principio, suponiendo que Carla había pasado por allí con un regalo para el bebé.

Pero mientras Isabel subía las escaleras de mármol, una risa débil se oyó desde el dormitorio principal. No era casual. No era amistosa.

Su pulso se aceleró mientras empujaba la puerta para abrirla.

Ricardo estaba en la cama con Carla.

No hubo confusión, ninguna explicación que pudiera suavizarlo. Fue una traición inconfundible.

Ricardo se incorporó, más irritado que avergonzado.
"¿Isabel? Se suponía que ibas a estar en el médico toda la tarde".

Carla se apresuró a cubrirse, susurrando disculpas que no significaban nada. Ricardo se puso tranquilamente una bata de seda y enfrentó a su esposa embarazada con fría confianza.

—Ya no tiene sentido fingir —dijo—. Esto lleva seis meses así. Y antes de que pienses en irte, recuerda: todo aquí es mío. Firmaste un acuerdo prenupcial. Si te vas, te quedas sin nada.

Una fuerte contracción recorrió el cuerpo de Isabel. Pero en lugar de pánico, la claridad se apoderó de ella. No dijo nada. Se dio la vuelta, salió de la casa, se encerró en su coche e hizo una llamada.

Mateo… Lucas… Te necesito. Ricardo me es infiel con Carla. Y hay más. Vi documentos sobre cuentas en el extranjero en las Islas Caimán.

Sus hermanos no entraron en pánico. Mateo era un destacado abogado penalista. Lucas se especializaba en divorcios de alto riesgo y protección de bienes.

—No vuelvas a entrar —dijo Mateo—. Ya vamos. E Isabel, si esas cuentas existen, esto no es solo un divorcio. Es un delito federal.

Lo que descubrieron esa noche convertiría una traición personal en una persecución internacional.

Parte 2: El colapso de la ilusión