Poco después, la madre de Rory, Laura, entró corriendo; ella también estaba embarazada de ocho meses. Al enterarse de lo que Greg había hecho, se derrumbó, sollozando y abrazando a Rory con fuerza, disculpándose una y otra vez por no haberla protegido.
Rory también lloró, aterrorizada de que su madre dejara de amarla.
Pero Laura abrazó el rostro de su hija y repitió: «Eres mi hija. Nada cambiará jamás mi amor por ti».
Mientras tanto, la policía confirmó el arresto de Greg. Los tres hombres que lo ayudaron cooperaron a cambio de cargos menores, lo que proporcionó pruebas suficientes para que Greg enfrentara una larga pena de prisión.
Mientras la familia evaluaba sus opciones sobre el embarazo de Rory, Laura entró repentinamente en trabajo de parto debido al shock emocional. Los médicos la llevaron rápidamente a la sala de maternidad. Rory entró en pánico, pero Walter se sentó a su lado y colocó suavemente una mano sobre la suya.
«Tu madre no tiene menos amor ahora», dijo en voz baja. «El amor no divide. Se multiplica».
Rory se secó los ojos. «Gracias, Walter... por no ignorarme».
Horas después, nació un bebé sano. Laura lo sostuvo, luego tomó la mano de Rory y la colocó sobre el pequeño pecho del recién nacido.
“Nos curaremos juntos”, susurró.
A la mañana siguiente, la policía, los médicos y el personal escolar agradecieron a Walter su valentía. La señorita Margaret, maestra de Rory, lo abrazó con lágrimas en los ojos. Incluso el director Daniels admitió su inacción y prometió nuevas medidas de seguridad para los estudiantes.
Al salir Walter del hospital, el sol otoñal se alzó sobre Willow Glenn, cálido y firme.
Simplemente había prestado atención. Y gracias a eso, se salvó una vida.
Si ves a un niño que sufre en silencio, por favor, no mires hacia otro lado. Comparte esta historia para recordarles a otros que deben alzar la voz, cuidar y proteger a nuestros niños.
