Según muchas tradiciones, los difuntos no quieren que sigamos prisioneros del dolor. Quieren que sigamos viviendo, amando y avanzando.
Cada recuerdo feliz, cada pensamiento lleno de gratitud, cada momento de paz compartido internamente se convierte en una forma de diálogo silencioso.
El amor no muere con el cuerpo.
Simplemente cambia de forma.
