¿Cómo se sienten los muertos cuando se visitan sus tumbas?

Algunas personas no pueden ir al cementerio. El dolor es demasiado intenso, o el lugar reaviva un sufrimiento aún latente. Esto a veces va acompañado de un sentimiento de culpa:
"¿Lo/la estoy abandonando? ¿Cree que lo/la he olvidado?" .

Desde una perspectiva espiritual, la respuesta es clara: el amor no se mide por el número de visitas. Un pensamiento, una oración en silencio, una vela encendida en casa o un recuerdo entrañable son tan valiosos como la presencia física.

El verdadero papel del cementerio

El cementerio no es para los muertos.
Es para los vivos.

Es un lugar para el duelo, para reflexionar, para hablar, para despedirse o simplemente para recordar. No es una obligación espiritual ni un deber moral universal. Cada persona experimenta el duelo a su manera, y ninguna es más legítima que otra.

Un vínculo que nunca desaparece