La elección del vidrio: práctica, estable y estéticamente agradable.
Para el recipiente, elige un vaso transparente lo suficientemente ancho como para contener el rizoma sin apretarlo y lo suficientemente alto como para contener un poco de agua. Mucha gente añade algunas piedrecitas o piedras pequeñas y lisas al fondo: estas mantienen el jengibre en su lugar, evitan que se empape demasiado y aportan un toque decorativo muy elegante, como un spa casero.
El nivel de agua adecuado, el detalle que marca la diferencia
Aquí es donde todo ocurre. La base del rizoma solo debe estar en contacto con el agua, mientras que los brotes permanecen secos, por encima del nivel del agua. Si se riega demasiado, el jengibre corre el riesgo de pudrirse; si se riega demasiado poco, el crecimiento se verá afectado. Recuerda cambiar el agua cada dos o tres días para mantenerla limpia. El agua filtrada o que haya reposado durante unas horas es ideal para estimular el desarrollo de las raíces.
Dónde colocar el vidrio para promover el crecimiento
El jengibre prospera con un calor suave y luz, pero no excesiva. Coloca el vaso cerca de una ventana luminosa, con algunas horas de sol por la mañana, pero alejado de la luz solar directa por la tarde. Una temperatura estable de unos 18 °C (64 °F) o superior crea un ambiente reconfortante que estimula naturalmente las raíces y los brotes jóvenes.
