Hay algo casi mágico en ver crecer una planta ante nuestros ojos, sobre todo cuando echa raíces en la misma cocina. ¿Y si un simple vaso se convirtiera en el escenario de un pequeño milagro botánico? Tras esta experiencia decorativa y relajante se esconde un truco sorprendentemente sencillo, accesible incluso para quienes creen no tener buena mano para las plantas... siempre que conozcas las técnicas adecuadas antes de empezar.
¿Por qué el jengibre es tan adecuado para el cultivo en agua?
El jengibre, o Zingiber officinale , es una planta fascinante porque todo ocurre tanto por encima como por debajo de la superficie. Sus tiernos brotes verdes aportan un auténtico toque selvático al interior, mientras que sus raíces crean preciosos arabescos visibles a través del cristal. El resultado: un jardín en miniatura con vida, perfecto para una encimera o alféizar, sin tierra ni desorden.
Elegir cuidadosamente su trozo de jengibre le dará la mejor posibilidad de éxito.
Todo empieza en el pasillo de frutas y verduras. Para tener éxito, necesitas un rizoma grueso, firme al tacto y, sobre todo, con pequeños brotes, también llamados "ojos". Estos son los que darán lugar a los futuros brotes. Un consejo: elige jengibre orgánico, que generalmente no se trata y, por lo tanto, tiene más probabilidades de germinar con tranquilidad en tu hogar.
