Cáncer de Huesos

El diagnóstico del cáncer de huesos requiere una evaluación médica cuidadosa. Todo suele comenzar con una historia clínica detallada y un examen físico. A partir de ahí, los estudios de imagen juegan un papel fundamental. Radiografías, resonancias magnéticas, tomografías computarizadas y gammagrafías óseas ayudan a detectar anomalías en los huesos y evaluar su extensión.

Sin embargo, la prueba definitiva suele ser la biopsia. Este procedimiento consiste en tomar una pequeña muestra del tejido afectado para analizarla en laboratorio. Aunque puede generar ansiedad, es esencial para confirmar el diagnóstico y determinar el tipo exacto de cáncer, lo cual influye directamente en el tratamiento.

Hablar de tratamiento puede ser abrumador, pero es importante saber que hoy existen múltiples opciones y avances significativos. El tratamiento del cáncer de huesos depende de varios factores: el tipo de cáncer, su tamaño, ubicación, si se ha extendido y el estado general de salud del paciente. Generalmente, se utiliza una combinación de terapias.

La cirugía es una de las principales opciones. El objetivo es extirpar el tumor por completo, preservando la mayor cantidad posible de hueso y función. En el pasado, la amputación era más común, pero hoy, gracias a los avances médicos, muchas cirugías permiten salvar la extremidad mediante técnicas reconstructivas y prótesis especializadas.