Ayudó a una mujer sin imaginar que ella era la jueza que decidiría su futuro.

 

Lucas  abre su bolso, lo rebusca, revuelve cada bolsillo. Nada. La memoria USB ha desaparecido. La habitación se congela. Siente que le tiemblan las manos, sus pensamientos se aceleran: sin este vídeo, su palabra tiene poco peso ante los impecables argumentos del abogado.

El juez aplaza la audiencia y le da un breve periodo para reunir sus pruebas. En el pasillo,  Lucas  repasa mentalmente su mañana: el apartamento, el coche, el trayecto... la avería. Un destello: la bolsa dejada en el asiento del desconocido. ¿Y si...?

Pide acceso al estacionamiento del personal, ve el auto del juez y abre con cautela la puerta del pasajero. Bajo el asiento, sus dedos finalmente encuentran el pequeño rectángulo de plástico. La llave está ahí. Su corazón vuelve a latir.