Una nueva familia, construida día a día
Los primeros años fueron intensos. Ruidosos. Agotadores. Pero también profundamente hermosos. Los niños crecieron juntos, compartiendo habitaciones, secretos y discusiones. Léa , la menor, siempre se integró a la perfección en la familia, como si siempre hubiera estado ahí.
Nunca hice distinción alguna. En mi mente, en mi corazón, todos eran míos. La familia ensamblada no era un concepto abstracto, sino una realidad vivida.
Con el tiempo, la vida se calmó. La rutina reemplazó la urgencia. Creí que nuestro equilibrio era sólido, casi inquebrantable.
Hasta el día en que alguien llamó a mi puerta.
La mujer desconocida y la carta
Era una mujer que nunca había visto. Sostenía un sobre amarillento, cuidadosamente doblado. En cuanto reconocí la letra de Claire , me temblaron las manos.
La carta era breve. Y devastadora. En ella,
Claire revelaba que Léa no era suya. Que años antes había gestionado una adopción discreta para ayudar a una mujer en apuros. Y que había optado por el silencio para proteger a todos, especialmente a la niña.
La desconocida era la madre biológica.
